Travesía de vida

Esta es la historia de un viaje, un viaje hasta el propio centro.

Salió de puerto un acogedor diciembre de 1985. Pronto brotó la curiosidad, sin dudarlo montó en su pequeño barco velero y emprendió el viaje. De las muchas hazañas, aventuras y desventuras vividas a bordo de Xul, se mencionarán aquellas que por algún motivo supusieron un cambio de rumbo y un nuevo mirar, ser y estar en el mundo.

Los primeros años de travesía fueron ligeros y fluidos, puro vivir y navegar, ojos ávidos de curiosidad y aprendizaje. A los 7 años decidió parar y pisar tierra firme, así echó el ancla y descendió de Xul: puerto de villa Sinet. En villa Sinet todo empezó siendo un juego, pura diversión y goce, sin embargo pronto se tornó serio, rígido, sacrificado… Una parte disfrutaba de lo que allí acontecía, pero otra mucho mayor le decía que era tiempo de salir de ahí y seguir explorando mundo. Con la valija cargada de grandes historias, de mucha satisfacción, risas, de mucha soledad también y de profundas lágrimas, decidió partir y conocer otros lugares. No era consciente de ello, pero habían pasado 13 años…

Tomando las riendas de la aún joven embarcación, echó de nuevo rumbo al mar. Para entonces las lágrimas habían hecho mella y, cual surco creado en la montaña a raíz de años de tormenta, habían corroído parte de la cubierta. De una manera muy sutil, descuidar esta parte tan amplía de la estructura había producido heridas que pedían sanar. Pero la mar es sabia y su misma savia, con el escozor propio de la sal, fue curando a poquitos lo que tiempo atrás se había deteriorado. Así, pasaron tres años en los que fue aprendiendo a curar a base de sal, de picor y de algún que otro golpe de timón. Los daños si bien se regeneraban, no terminaban de sanar, y por momentos, una pequeña grieta se hacía tan profunda que llegaba a lo más hondo de la embarcación. Llegó un día en que decidió dejarse ayudar, a partir de entonces, las manos y corazones disponibles ya nunca le iban a faltar.

Una nueva parada que supuso un cambio de vida: esta vez en la isla de Solaris. A solas con la tierra y el mar, a solas frente a sí misma, su mayor miedo y su mayor tesoro, y el primer gran des-cubrimiento: No estás sola, estás profundamente sola, y completamente acompañada.

Con un gran desconcierto pero con una profunda sensación de libertad, seguridad y por primera vez, de naturalidad, continuó rumbo a Iuqaroha. Soltar tanto lastre acumulado le permitió ver con más claridad y, donde antes había tinieblas y temor, ahora podía contemplarse a sí misma en toda su ligereza y expansión, e incluso percatarse también de otras embarcaciones que navegaban en una misma dirección. Tal fue el empuje y convicción, que alcanzó a ver, allá a lo lejos, un barco más antiguo desde el cual se hacían señales, ¡ese llamativo y especial barco le invitaba a navegar en compañía!

Así lo hizo, y admirando la Maestría, Presencia y la Sabiduría que respiraba su estela, se permitió absorber, valorar y agradecer lo que este curtido barco tenía por ofrecer.

Mucho ha sido lo acontecido en este último septenio de travesía, resumiré diciendo que las heridas sanaron, que nuevos aprendizajes se siguieron (y siguen) aconteciendo, constantemente, desde el re-conocimiento y, sobre todo, desde la paz que brinda el mar en toda su expansión.

Y, en compañía de tantos que están (de tantos que siempre han estado, aunque en otros momentos no se alcanzasen a ver), en compañía de grandes lecturas y en compañía de un Experimentar, Atrever(se) y Caminar, sigue explorando, viviendo, comprehendiendo que los días de tormenta y los de sol son ambos regalos que la naturaleza brinda y que invitan a aceptar y seguir el curso de Lo que Es, y no puede ser otra cosa, esta pura Realidad individual, colectiva e indivisible que es la Totalidad.

Bienvenid@ al mundo de Iuqaroha, donde una gota es el océano mismo

 

Pd: Y para aquellas mentes desconcertadas antes estas atrevidas líneas, aquí pueden consultar el cuaderno de bitácora de aquellos galones acumulados en travesía:

cuaderno de bitácora

 

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